jueves, 4 de diciembre de 2008

SU CRISIS Y LA NUESTRA

Estamos asistiendo a lo que muy probablemente sea el mayor saqueo de fondos públicos de la historia. Si hemos de hacer caso a las cifras facilitadas por algunos medios, el total de dinero público destinado a tapar la crisis financiera (los llamados “planes de rescate”) se eleva a ¡7 billones de euros! (diario “Público”, 27-11-08). Pero el sistema financiero internacional sigue arrojando sin descanso indicadores de crisis, incluso después de la cumbre del “G-20”, convocada por Bush el pasado 15 de noviembre. Así las cosas, ése inmenso robo puede acabar siendo, además de escandaloso, inútil respecto a los fines anunciados, ya que toda ésa montaña de dinero se despilfarra en un pozo que parece no tener fondo. No podíamos esperar otra cosa de tanto “líder” junto. No deberíamos confiar el parque de bomberos a una pandilla de pirómanos.

Por supuesto, ninguno de los asistentes a la reunión de Bush ha osado poner en solfa la premisa que éste planteó, de entrada, como innegociable: el no cuestionamiento del libre mercado, aquello que aparece, justamente, como la causa de la crisis. Así las cosas, cabe preguntarnos qué objetivos, realmente, tenía ése cónclave de “refundación del capitalismo”. Por lo visto ha cubierto tres, y ninguno sano: 1º.- Garantizar políticamente la continuidad del sistema capitalista, incluso en su actual versión, dando continuidad a organismos como el FMI, entre otros instrumentos del neoliberalismo, y reajustando, en todo caso, los engranajes de control y supervisión, ciertamente desquiciados con la última orgía especulativa. 2º.- Acordar y coordinar la operación global de apropiación de fondos públicos que, de momento, puede situarse alrededor de la astronómica cifra señalada anteriormente, y 3º.- Escenificar el “broche de oro” (nunca mejor dicho) del negro período de ocho años del mandato del anfitrión, George Bush. Un individuo que, dicho sea de paso, hace ya tiempo que debería estar ante un tribunal, depurando sus responsabilidades criminales.

Capítulo aparte merece el espectáculo ofrecido por el gobierno de Rodríguez Zapatero, con los ímprobos esfuerzos para tener una silla, o un taburete, o lo que sea, en la cumbre de Washington. Con el consenso de su particular “G-8+1” (Santander, BBVA, Caja Madrid, La Caixa, CC.OO., UGT, CEOE y CEPYME, más Mariano Rajoy), el gobierno español, de un partido que se dice socialista y obrero, primero pierde el culo por sentarse en la mesa de los amos y, una vez allí vía Sarkozy, saca pecho por la “política de supervisión del Banco de España” (cuyo presidente pide cada día despidos más baratos), que ha permitido la “robustez del sistema financiero español”, modelo a seguir, según dicen. Y anuncia medidas de ayudas públicas, tanto directas, en avales o fiscales (un total de 319.000 millones de euros, según las fuentes arriba citadas), a los bancos y al empresariado, para fortalecer el ya de por sí “robusto” sistema, aunque los hipotecados sigan en la ruina, y miles de ellos engorden diariamente las listas del paro. 

“La monarquía es el régimen de la bancocracia”, que diría Proudon, hace ciento cincuenta años. En la bancocracia imperante en el llamado reino de España, las “subprime” no están, ciertamente, en las entidades financieras. Ya se han encargado estas, a la hora de prestarte uno, pillarte tres, como demuestran los muy saneados índices de morosidad, a pesar de la crisis. Las verdaderas “subprime”, letalmente tóxicas para muchas economías de gente trabajadora, están en cada hipoteca sobre vivienda sobrevalorada, con elevados intereses referenciados en la base del negocio bancario, el “euribor”. Si el sistema capitalista se caracteriza por convertir los derechos de la gente en negocio privado, esta no es una excepción: el derecho básico a una vivienda digna, reconocido incluso por la constitución-trampa que ahora cumple treinta años (“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada...”, Art. 47 CE), se acaba convirtiendo en un negocio para bancos e inmobiliarias, mediante la especulación, prohibida expresamente por la misma norma constitucional, pero permitida de facto.

Así las cosas, las ayudas a los “particulares y a las familias”, anunciadas con mucha fanfarria por el Gobierno español, en realidad no van más allá de la posibilidad del pago aplazado (hasta el 50%, por dos años) de las cuotas hipotecarias de los ciudadanos, y no su condonación, aunque sólo fuera en parte. Y todo ello con la garantía del Instituto de Crédito Oficial, para mayor gloria y acomodo de las cúpulas bancarias privadas que, de esta manera, se aseguran el cobro de las deudas, al menos de momento. O sea, pan para hoy y hambre para mañana. Mientras tanto, ésa misma banca, en régimen de monopolio y con la excusa de la crisis “de confianza”, cierra el grifo del crédito a particulares, autónomos o pequeñas y medianas empresas, donde descansa el grueso de la llamada “economía productiva” (el 80% del total del empleo, en el estado español), provocando la destrucción alarmante de puestos de trabajo y, por lo tanto, el consecuente empobrecimiento del conjunto de la clase trabajadora. La trampa de la crisis se cierra cuando todo eso provoca que la población vea reducida drásticamente su capacidad adquisitiva. Y mientras la crisis de sobreproducción llena los almacenes de productos que nadie compra, las empresas (como consecuencia de ello o aprovechando el momento, que de todo hay) presentan ERE’s u otros mecanismos de despido de trabajadores. Y el paro se multiplica. 

Uno tiende a pensar que quizá esta fase del capitalismo, calificada como crisis, no sea tan espontánea ni casual. De hecho, todavía no hemos visto a ningún multimillonario arruinado pegarse un tiro, ni lanzarse de cabeza desde lo alto de un rascacielos, como hace ochenta años. Tampoco hemos visto procesar ni meter entre rejas a los responsables de tamaño desaguisado, que los hay. Por el contrario, hay noticias de lujosas cenas de ejecutivos delincuentes, a varios miles de euros el cubierto, para celebrar los fabulosos regalos gubernamentales. Todo muy extraño. O no tanto, si exploramos la hipótesis de que quizá ciertos elementos de esta crisis estaban más o menos previstos, o que incluso alguno haya sido provocado. Por otra parte, no existe ninguna contradicción, en la conducta de los hasta ahora paladines neo-con, acudiendo a las arcas públicas, porque los gestores del capitalismo nunca han hecho gala, precisamente, de principios éticos, y sí de mucho desparpajo, y pocos escrúpulos, ante el dinero fácil. Si ahora se lo pueden permitir, ¿por qué van a renunciar a apropiarse del erario público, entregado por gobiernos serviles, a uno y a otro lado del Atlántico? 

Lo hasta aquí dicho, solamente aborda parte de los aspectos complejos de una situación, que se nos quiere hacer ver como una crisis notable, pero pasajera, del sistema financiero, cuando en realidad no deja de ser una fase aguda de la actividad, habitualmente depredadora, del capitalismo. Este sistema supone, en sí mismo, una crisis permanente, en las vidas y derechos de la inmensa mayoría de trabajadores y ciudadanos. Pero actualmente, la crisis mundial también tiene sus derivaciones catastróficas a corto y medio plazo, en el terreno alimentario, energético o ecológico. Por eso, ahora no nos podemos permitir el lujo de distraernos en batallas parciales e inconexas, cuando el dominio del sistema capitalista se revela en forma de amenaza real, inmediata y global. 

Hoy en día, quienes hasta hace bien poco ejercían como gurús del pensamiento único, se esconden en las tertulias, se arrugan en los debates y, por lo general, no se atreven a enfrentarse dialécticamente, a los argumentos de los críticos con el capital. A este sistema se le están viendo, aún más si cabe, sus vergüenzas. Y hasta en los grandes medios surgen voces, más o menos oportunistas, que denuncian los crecientes desequilibrios y las inquietantes perspectivas. El recordar que, con sólo una parte de los fondos públicos ahora esquilmados, se podría erradicar definitivamente la pobreza, la hambruna y las deficiencias sanitarias de todo el mundo, sacude la conciencia de todo aquel que la tenga. Y es que, mientras se despilfarran billones de euros en “salvar” banqueros, hay mil millones de víctimas del hambre (registrados oficialmente por la ONU) y mueren cada día decenas de miles de personas, en especial niños, por esta causa.

Pero, por más desacreditado que pueda estar el sistema y sus gestores, el capitalismo no caerá por sí solo. Porque no solamente se trata de debatir sobre sistemas y modelos económicos, o sobre la ética o la indecencia de los gestores de turno. Todo eso es útil, si sirve para elevar la conciencia de la ciudadanía, como elemento de la acción política. No nos olvidemos que el capitalismo se ha mantenido, en sus diferentes versiones a lo largo de la historia, no con argumentos ni razones, sino por la fuerza de un sistema de dominación política, social, económica, informativa y militar, acentuada actualmente en una situación mundial unipolar. Y no desaparecerá, si no somos capaces de que así sea. 

Y es aquí donde debemos reconocer que su crisis no debe ocultar la nuestra, la de todos y todas los que nos oponemos y nos rebelamos contra los designios del capital y su mercado. La crisis de incapacidad y dispersión de los movimientos sociales, de las organizaciones obreras, de las entidades ciudadanas, ecologistas, feministas, juveniles, estudiantiles, culturales… que acompaña a la crisis del capital, y facilita que ésta caiga sobre nuestras espaldas. Tanto la llamada izquierda parlamentaria, como las burocracias sindicales y buena parte de las otrora ONG’s, todos ellos han abandonado definitivamente su condición anticapitalista, si es que alguna vez la tuvieron. A los movimientos de oposición al sistema, a la izquierda anticapitalista, nos siguen sobrando las razones, pero carecemos, de momento, de la unidad y la fuerza necesaria, más allá de la útil e imprescindible tarea cotidiana de la defensa de nuestros derechos, que no es poco. Pero, de momento, no vamos más allá de la actividad defensiva. Es imprescindible, por lo tanto, pasar a la ofensiva, construyendo un proyecto alternativo al capitalismo desde foros unitarios y horizontales, globalizando la acción social y política, generando espacios de confianza, protagonismo y participación de las gentes trabajadoras. Haciendo cada vez más creíble y cercana la posibilidad de derrotar al sistema. Trabajando por la Huelga General, como primera e imprescindible herramienta política al servicio de los trabajadores y de las clases populares.

Desde la Federación del Sector Financiero de la CGT (FESIBAC), y bajo el lema “Que la crisis la paguen los especuladores”, se ha lanzado un mensaje claro, con ocasión de la crisis financiera, tanto a los trabajadores del sector como al conjunto de la sociedad: “Oposición a inyecciones de fondos públicos para dividendos privados, prioridad de ésos fondos para las necesidades sociales; eliminación de salarios millonarios y contratos blindados de los ejecutivos y directivos; defensa de los servicios públicos (incluido el del crédito y los seguros, a través de la propiedad pública de la banca); autogestión de los trabajadores en las instituciones financieras, como alternativa al cierre de empresas del sector; oposición a los proyectos de privatización de las Cajas de Ahorro, supresión de los paraísos fiscales, de las contratas y subcontratas, de las ETT y de la externalización de servicios bancarios… Con el objetivo de invertir la tendencia de la destrucción de empleo en el sector y la individualización de las condiciones de trabajo, se plantea el reforzar la defensa colectiva de los derechos; el mantenimiento de todos los puestos de trabajo, la conversión en indefinida de la contratación temporal; la oposición a los “despidos objetivos” y ERE’s; la formación adecuada y prevención de riesgos laborales, físicos o psicológicos; la defensa del poder adquisitivo, con la supresión de los “conceptos voluntarios” y reparto equitativo de la masa salarial, y la reducción de la jornada laboral y las horas extraordinarias…”

La propuesta de FESIBAC-CGT no es sólo un mensaje sectorial, sino que pretende también contribuir a la conformación de la acción sindical común de toda la Confederación. En estos momentos de crisis capitalista, pero también de recomposición de los movimientos alternativos, a la CGT le corresponde jugar un papel crucial. Debemos valorar nuestro potencial como fuerza social libre, libertaria y anticapitalista. La claridad y credibilidad de nuestro mensaje, y de nuestra acción, va en aumento. Aprovechémoslas para hacer posible, cuanto antes, el fin a la barbarie.

Pep Juárez, 
Secretario de Acción Sindical de la FESIBAC-CGT. Noviembre de 2008.



martes, 2 de diciembre de 2008

FMI, ¿SALVAR A UN AHOGADO?


En un intento supremo por salvar a un organismo sumamente desgastado por su culpabilidad de imponer políticas económicas en detrimento de las grandes mayorías del mundo, la reciente reunión del G-20 controlada por las naciones más poderosas del mundo encabezada por Estados Unidos, trató de reflotar al Fondo Monetario Internacional (FMI). 

En momentos en que la crisis económica-financiera del capitalismo atraviesa uno de los capítulos más agudos de su historia, las potencias occidentales, con algunos países denominados emergentes se reunieron en Washington para tratar de salvar el libre comercio, la propiedad privada, la recuperación del dólar como moneda internacional, las políticas neoliberales ya fracasadas y, sobre todo, la forma de control financiero que han ejercido sobre las naciones pobres del orbe a través del FMI y el Banco Mundial desde que estas instituciones fueron fundadas en 1944 en Bretton Woods. 

Resulta inconcebible y contradictorio que en la declaración final de la Cumbre del G-20, se llame a reformar desde posiciones capitalistas al FMI para que juegue un papel más efectivo en su accionar y que “saque experiencia de de la actual crisis financiera” que paradójicamente este organismo ayudó a fomentar.

Como era de esperar, el director general del FMI, Dominique Strauss-Kahn, presente en el cónclave, inmediatamente declaró que para favorecer con empréstitos a países que lo están solicitando ante los actuales problemas financieros, el organismo necesita urgentemente de nuevas donaciones monetarias para hacerle frente a las solicitudes.

Gran Bretaña, Estados Unidos y Japón esperaban que varias economías emergentes anunciaran empréstitos a ese organismo que solicitaba 100 000 millones adicionales a una cifra similar que había anunciado Tokio, pero nadie más alzó la voz.

El FMI no jugó ningún rol para contener la crisis de los créditos hipotecarios en Estados Unidos ni tampoco fue capaz de realizar un aviso ante tamaña situación que se avecinaba.

Esa institución desde hace 64 años obliga a que los países en desarrollo apliquen medidas económicas que han beneficiado en todo momento a las capas adineradas de la sociedad y a las grandes compañías. Las naciones que se negaban a cumplir sus directivas eran apartadas o ignoradas en el otorgamiento de créditos mientras apoyaba y aupaba regímenes dictatoriales y corruptos como el de Augusto Pinochet en Chile, Mobutu Sese Seko en el antiguo Zaire, Suharta en Indonesia o Jorge Videla en Argentina, por citar algunos.

En los albores de la década de 1980 cuando estalla la crisis de la deuda externa, el organismo financiero obligó a sus deudores a realizar ajustes profundos en sus programas sociales, abrir las puertas a las transnacionales, impulsar la privatización en detrimento de industrias y servicios públicos, lo que en su conjunto conllevó al saqueo de las riquezas, a la elevación de la pobreza y a una mayor desigualdad social en esas naciones. 

Desde la fundación del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional, Estados Unidos y Europa mantienen un pacto para controlarlo. De esa forma, el primero impone los directivos en el BM y el segundo en el FMI sin que medie oportunidad de que algún país del Tercer Mundo alcance esos puestos. 

Como esos organismos se arrogan el derecho de poseer inmunidad jurídica total, tampoco se les puede realizar reformas sin la aprobación de Washington y otros países ricos que ostentan la enorme mayoría de los votos por ser los máximos acreedores. Pequeños países europeos como Suiza o Bélgica tienen más votos que India, Brasil o México porque el poder se asienta sobre el dinero que cada país aportaba a las instituciones.

Por eso han sonado tan falsos los llamados que en la reunión del G-20 hicieron los poderosos a realizar cambios para un llamado Bretton Woods II. 

Muchos países del Sur se han dado cuenta de lo obsoleta y arbitraria política económica y social que llevan a cabo esos entes y se han ido separando de ellas como Brasil, Argentina, Indonesia, Venezuela, Malasia que incluso algunos liquidaron anticipadamente sus deudas salirse de su control. 

Esto ha motivado que el FMI no logra en la actualidad cubrir sus gastos de funcionamiento y hasta su propia existencia está amenazada. De ahí la necesidad de un cambio con coloretes, es decir, no para mejoras la situación de hambre y pobreza en el mundo, sino para buscar su sobre vivencia.

A esto se suma la toma de conciencia en gobiernos del Sur que llaman a crear nuevas alianzas económica-financieras regionales e interregionales que laboren a favor de las grandes mayorías y posibiliten el desarrollo de sus poblaciones.

En este contexto, iniciativas como el Alternativa Bolivariana Para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y el Banco del Sur están llamadas a ampliar su radio de acción y consolidar su perspectiva hacia una mayor integración.

En el mundo surgen economías y países con economías fuertes que también se dan cuenta de lo dañino de las políticas aplicadas durante décadas por el FMI y la necesidad de más que cambiarlas, eliminarlas.

A eso se enfrenta hoy el Fondo Monetario Internacional y por eso las naciones ricas tratan por todos los medios de salvarla para mantener sus prebendas y controles sobre los pobres. Pero como dice el refrán, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. 



lunes, 1 de diciembre de 2008

EL 95% DEL DINERO ES CREADO POR BANCOS PRIVADOS

Los crean de la nada a través de los créditos pero nos los hacen devolver con intereses.

Hace ya más de un año que la crisis financiera es noticia, desde que estalló en Estados Unidos con el nombre de crisis subprime, se ha publicado mucho, explicando con más o menos precisión y acierto, como se ha producido esta crisis en los aspectos más concretos. Lo que no se ha explicado tanto, y en ningún caso en los medios de comunicación masivos, es cómo la necesidad de crecimiento exponencial que tiene el actual sistema financiero es la causa de fondo de la burbuja especulativa, y por tanto de la propia crisis, además de tener una relación directa con las crisis energética y alimentaria. Así pues, aprovecharemos esta oportunidad de llegar al público, para explicar no ya la crisis crediticia sino el transfondo que hace que el sistema financiero actual sea una gran estafa para la gente trabajadora, así como un peligro para la sostenibilidad de la vida en nuestro planeta. Entenderemos de este modo el papel que juegan los bancos, como los principales responsables de todo en definitiva.

Historia de la creación del dinero

El origen del negocio bancario se remonta a cuando el oro era el dinero real y, como tal, lo guardaba el orfebre en su almacén. Como que el oro era muy pesado e incómodo de mover, el dinero en circulación eran participaciones de este dinero metálico. Un día, el orfebre pensó que podía cobrar interés por el préstamo de estas participaciones y para compensar empezó a pagar un interés menor a los depositarios de este oro; así se inició en Europa el negocio bancario.

Este sistema tenía el problema de que la posibilidad de prestar dinero estaba claramente limitada por la cantidad de oro en circulación; entonces los orfebres, ya convertidos en banqueros, inventaron el sistema de reserva fraccionaria, que consiste en qué sólo hay en reserva una parte de lo que realmente se presta. O dicho de otra manera, a partir de un dinero real se crea dinero de la nada en una proporción que, teniendo en cuenta que no todo el mundo retirará su dinero a la vez, nunca pone en dificultades a los banqueros a la hora de devolver depósitos. Esta proporción acostumbraba a ser del 10%, es decir, 10 unidades en circulación por cada unidad real de oro existente en la reserva.
Este aumento del dinero en circulación favoreció la expansión comercial en el mundo y, una vez conocida por los estados, en vez de prohibirse se reguló. Para controlar el riesgo que eso significaba si se sabía que no había dinero para devolver a todo el mundo, se creó el sistema de bancos centrales, los cuales dispondrían de reservas de oro adicionales para poder prestar a los bancos en momentos de crisis.

La creación del dinero en la actualidad

Con el tiempo, el sistema de bancos centrales y reserva fraccionaria se ha convertido en el dominante en el mundo; el oro que garantizaba el dinero en circulación fue menguando hasta que en el 1971 se hizo desaparecer el patrón oro, es decir que se dejó de usar el oro como base real del dinero.

Aún cambiando este aspecto fundamental del sistema monetario, los bancos centrales y el sistema de reserva fraccionaria continuó, pero con unas reservas que consisten tan solo en anotaciones bancarias creadas en algún momento por los bancos centrales; reservas que significan dinero pero que no están garantizadas por ningún dinero que tenga una base material. Eso cambia completamente la naturaleza del dinero porqué todo lo que tenemos actualmente en circulación sale de la nada y por tanto es un puro contrato, que sólo tiene valor porqué todo el mundo se lo da.

El dinero que se crea hoy en día, se crea básicamente a partir de préstamos, es decir en forma de deuda, ya sea pública, comercial, externa o de particulares. I no sólo eso, sino que cuando se devuelven las deudas, este dinero desaparece, de manera que así el sistema financiero dispone de una herramienta para ampliar o reducir el dinero en circulación.

El dinero, lo crean los bancos centrales y los bancos privados. Sólo entre el 3 i el 5% del dinero en circulación ha sido creado por los bancos centrales, el resto lo crean los bancos privados a través de los créditos así como (y cada vez más) a través de complejos sistemas de especulación financiera.

Hoy en día, la creación de dinero sólo está limitada por un reglamento que indica en qué condiciones pueden prestar dinero los bancos y como tienen que hacer cuadrar las anotaciones en su balance para hacerlo.

En el caso de la Unión Europea, el reglamento que obliga a los bancos con el BCE (Banco Central Europeo), dice que tienen que tener como reserva como mínimo el 2% del total del dinero; el otro 98% lo pueden prestar e invertir. El dinero depositado a un plazo igual o superior a 2 años no está afectado por esta norma, y se puede invertir al 100%. Todo esto se puede comprobar en el artículo 4 del Reglamento (CE) nº 1745/2003 (BCE/2003/9).

Los estados ante la creación privada del dinero

¿Si el dinero ya no es oro (que era la justificación con qué se creó el sistema de banca comercial y los bancos centrales, como responsables de guardar el oro y convertirlo en dinero en circulación), cómo es que siguen siendo sólo los bancos los únicos que pueden crear dinero? ¿I por qué únicamente lo hacen en forma de deuda que hay que devolver-les con intereses?
Dicho de otro modo: ¿Por qué los Estados tienen que pagar intereses a su banco central para así poder financiar el gasto público, cuando es dinero que podrían crear directamente los Estados en el momento de realizar estos gastos?
Quizás la única respuesta lógica que se nos puede acudir es que la banca es quién controla a los gobiernos y no al revés, ¿verdad?

A Mayer Rothschild, miembro de la dinastía europea de banqueros más poderosa, se le recuerda por una cita que rezaba: “Dejarme emitir y controlar la creación del dinero de una nación y me dará igual quién haga las leyes”

Los intereses y la necesidad del crecimiento exponencial

Cuando un banco concede un crédito está creando el dinero del principal del crédito, pero no el dinero correspondiente a los intereses que el banco hará pagar al deudor durante la vida del préstamo. Dado que todo el dinero en circulación se crea en forma de deuda con intereses, podemos concluir que el dinero para devolver todos los intereses de la deuda simplemente no existe.
Entonces, ¿cómo es que el sistema financiero ha sobrevivido tanto tiempo? Fundamentalmente por dos razones.

1. Porqué se financia con el endeudamiento creciente, es decir que el dinero en circulación tiene que ir aumentando constantemente por tal que se puedan pagar los intereses de las deudas y el sistema no colapse. Eso tiene que ver con como el sistema incita cada vez más a todo el mundo para que se endeude, empezando por las personas con hipotecas, préstamos personales fáciles y rápidos, tarjetas de crédito; pero también las empresas y los estados. Hablamos pues de crecimiento exponencial, de la economía y del espolio de los recursos naturales del planeta.

2. Porqué hay quién no devuelve el dinero principal de las deudas y sólo paga el interés. Éste es el caso de las deudas públicas de los estados más poderosos, o de diversas empresas e instituciones poderosas que tienen unas condiciones privilegiadas; o probablemente también por todas las figuras topo pólizas y tarjetas de crédito, en las cuales tampoco se devuelve el dinero principal y el contrato se acostumbra a renovar año tras año de manera indefinida.

En todo caso, esto nos da a entender hasta que punto el sistema financiero necesita una deuda en aumento, y como puede llegar a estar de relacionado el aumento de las hipotecas y de los créditos al consumo con el mantenimiento del sistema financiero actual.

Por lo tanto, dentro del contexto global todo el mundo está endeudado, y la diferencia sólo se encuentra entre los que tienen que devolver las deudas y los que no.

La banca y la burbuja inmobiliaria

Si hace 15 años era impensable que se concediera una hipoteca a más de 15 o 20 años, esta posibilidad se ha doblado expresamente, desde los bancos y cajas, hasta los 35 y 40 años de hipoteca actuales. Con esta acción tan simple y a la vez perversa, la banca ha facilitado y provocado el encarecimiento de la vivienda, ya que aumentando la capacidad de endeudamiento de las personas ha hecho crecer los precios que tenemos capacidad de pagar.

Eso ha beneficiado a la banca porqué, con las hipotecas, ha podido crear dinero y cobrar intereses en una cantidad muy alta y con un índice de morosidad mínimo, gracias a la característica de necesidad básica de vivienda. Con el aumento de precios, ha provocado el crecimiento desorbitado de los beneficios de las principales constructoras e inmobiliarias del Estado y así de sus propios beneficios, ya que los principales accionistas de la mayoría de estas empresas son bancos y sobretodo cajas.

La inflación como robo silencioso de nuestro poder adquisitivo

En crear dinero y cobrar intereses sobre éste, los bancos están creando inflación, es decir, están aumentando la cantidad de dinero disponible sin aumentar al mismo tiempo la oferta de bienes y servicios. Si aumentásemos la cantidad de moneda en circulación al doble sin aumentar la cantidad de productores en un modo equivalente, no nos convertiríamos en el doble de ricos, ya que, como que habría los mismos bienes, los precios también se doblarían.

Esta sobrecreación de un dinero que estamos obligados a utilizar nos afecta a todas las personas (seamos o no clientes de los bancos), y cuando este privilegio se mantiene en exclusiva por un grupo de instituciones privadas, podemos concluir que se trata de un robo legal por el cual el dinero pierde valor en cada porción de tiempo en qué lo tenemos. Todo esto significa una inmensa cantidad robada.

Además, la inflación también sirve para cerrar el círculo, ya que hace que el dinero sólo tenga un lugar fácil dónde refugiarse de la pérdida de valor y este lugar es un banco. Así las personas, y especialmente las que ahorran, estamos forzadas a protegernos de la devaluación buscando refugio en un banco, el cual con este nuevo ingreso podrá crear más dinero y producir más inflación haciendo que la rueda no se pare. La inflación atrapa nuestro dinero en el sistema bancario y es el mejor incentivo que tiene para captar depositarios.

Una de las consecuencias de este proceso es la desposesión que sufren los jubilados. Las trabajadoras retiradas ven como aun habiendo tenido una vida entera dedicada al trabajo, al final de su vida productiva se encuentran con qué su renta de jubilación les da un poder adquisitivo cada vez más bajo. Precisamente a la edad en qué tendrían que poder gozar de todo el esfuerzo realizado, resulta que es cuando menos tienen.

El robo financiero en el ámbito internacional.

El financiamiento también interviene dentro del contexto de los intercambios económicos internacionales, es decir de las importaciones y de las exportaciones de materias primeras y productos manufacturados. Si un país tiene una balanza de pagos negativa, es decir que paga más por lo que importa que lo que cobra por lo que exporta, no podría comprar todo lo que querría si no se endeudara.
La deuda externa por lo tanto es consecuencia del déficit comercial de las empresas y el gobierno de un país en su balanza de pagos internacionales.

Desde después de la Segunda Guerra Mundial este comercio internacional se hace básicamente en dólares y desde el 1971, cuando eliminan el patrón oro, la Reserva Federal Americana (FED), tiene total libertad para poner o dejar de poner en circulación los dólares que quiera, ya que no tiene que dar explicaciones a nadie ni demostrar ninguna garantía; tres cuartos de los mismo la banca privada de Estados Unidos, con el único límite de la fracción de reserva que ha de mantener. De este modo, controlando la creación de dólares, una minoría financiera (recordamos que la FED es una entidad privada) controla los valores de las relaciones económicas internacionales. De esta manera EEUU puede comprar todo lo que quiera fuera, mientra que los otros países contraen deudas que tienen que pagar. Los poderes internacionales aprovechan esta deuda para obligar a los países endeudados a asumir determinadas políticas de apertura de fronteras para las mercaderías y la especulación financiera, forzando así que los poderosos se apropien de sus producciones y recursos naturales a precios irrisorios.

El dinero tal y como está concebido es una herramienta a partir de la cual determinados poderes financieros se apropian de todos los recursos naturales y humanos del planeta.

Crecimiento infinito vs. Planeta finito

Este sistema financiero depende de la concesión de cada vez más cantidad de dinero en préstamos. Los préstamos se traducen finalmente en un impacto ambiental dado que la gente los pide para comprarse un coche, para viajar, para ampliar una industria o para construir casas, entre otros ejemplos. Podemos ver entonces, que este sistema de crecimiento de la economía mediante el préstamo depende de la conversión constante y creciente de recursos naturales en CO2 y residuos. Y por tanto, en un momento en qué estamos llegando a los límites del crecimiento de la producción de energía a causa del declivio del petróleo y cuando también se acercan los límites de muchas explotaciones mineras, podemos concluir que este sistema creado hace más de 300 años en base al crédito creciente no puede continuar tal y como ahora los conocemos.
Esta reflexión coincide con una gran crisis financiera global, así que nos atrevemos a preguntarnos: ¿Significa la crisis actual el fin del sistema financiero basado en el crecimiento?

Guerras y finanzas

Quizás no os sorprenderá oír que detrás de todas las guerras hay intereses de la industria de armamento para vender más armas y embolsarse mucho dinero. La generación de necesidades de dónde no las había es común en todas las prácticas del capitalismo actual, ya sean armas, nuevos televisores, sistemas de vídeovigilancia o aparatos eléctricos domésticos, siempre nos encontramos con importantes intereses comerciales detrás.

Más desconocido por el gran público, es la utilización de las guerras por el mundo de las finanzas. La banca utiliza las guerras al menos de dos maneras fundamentales. Por un lado los astronómicos gastos económicos que genera una guerra permiten al poder financiero hacerse con el dominio de los países en lucha; éstos tendrán que estarse muchos y muchos años haciendo frente a la deuda externa contraída como ha sido el caso históricamente de Nicaragua, Filipinas, Nigeria, Camerún, Costa de Marfil y Zaire.
Por otro lado las guerras en qué intervienen principales potencias, como es el caso de EEUU, permiten crear una gran cantidad de dinero, en forma de deuda pública de los cuales sólo se pagan intereses y de esta manera se da al sistema la liquidez que necesita. La guerra de Irak ha permitido a los bancos de EEUU crear 3 billones de dólares desde su inicio. Éste ha sido el coste de la guerra por EEUU y a la vez es la cantidad que ha aumentado su deuda nacional en el mismo periodo, que actualmente es de cerca de 10 billones de dólares. Es un dinero que no pagan los ciudadanos norteamericanos sino los de todo el mundo a través de la inflación.



domingo, 30 de noviembre de 2008

SER MIGRANTE ANTE LA CRISIS


¿Qué significa hoy, en el mundo de la crisis económica globalizada, ser migrante? Significa ser el blanco, el objetivo, el sujeto sobre el cual tratar de descargar las consecuencias más apremiantes de la crisis económica, es decir los despidos masivos, la falta de empleos, la reducción salarial. Significa ser las primeras víctimas de la tentativa de descargar encima de los migrantes, justamente en el momento en el que el mundo celebra la elección del hijo de un migrante a la presidencia de Estados Unidos, el precio de una economía global inestable, de mercados financieros que supieron y pudieron eludir las reglas escritas por sus propios jugadores, de un estado del bienestar –en donde aún queda– incapaz de ofrecer respuestas a millones de precarios, permanentemente en la búsqueda de un rédito entre trabajo a destajo, despedidas y erosión de las garantías adquiridas en el pasado. De tal manera que la competición se traslada hacia abajo: los migrantes nos convertimos en los adversarios en la búsqueda de un trabajo y en algunos casos sujetos de peligro público. Claro está: no es la primera vez ni la última será que la individuación del enemigo, del peligro, se ubique en la figura de los migrantes. Sin duda la política y la información han jugado y siguen proponiéndolo un papel fundamental en este sentido. Sin embargo el verdadero nudo a resolver es que alimentar y volver a proponer este juego encuentra, en la crisis, aún mayor terreno en el que establecerse. Y entonces hoy, a la par con el establecerse de nuevas herramientas represivas y descriptivas del “peligro extranjero”, sobre todo en los países más ricos, se presenta una nueva apremiante problemática. Si bien es cierto que miles son los migrantes que tendrán que volver a su tierra de origen, tal como lo demuestra la reciente realidad que finalmente cumple con lo que por meses los gobiernos negaron, también es muy acertado afirmar que muchos migrantes –¿la mayoría?– no se irán a ningún lado. Quiérase porque decidan aguantar las vacas magras y no volver a arriesgar su aún precaria permanencia en el país receptor, quiérase porque muchos son los migrantes que ya están insertados cultural, económica, social e inclusive políticamente en la sociedad de acogida.

Miremos pues a la Unión Europea, en la que toda legislación migratoria siempre se ha centrado en interpretar a los flujos migratorios como a oleadas de mano de obra barata. Con la crisis actual, miles son los migrantes que están siendo despedidos y alejados de sus puestos de trabajo. ¿Qué hacer en estos casos? Algunos gobiernos se han planteado la expulsión inmediata de los miles de trabajadores nuevos desempleados. Protestan entonces los industriales europeos porque mañana –habrá un fin a esta crisis, esperan– cómo se podrá volver a contratar a esos miles de trabajadores ya calificados y preparados. No fuera suficiente, y más importante aún, lo mencionado arriba: habrá quienes no querrán irse. Por años criticamos a la perversión legal que amarra el permiso de legal estancia al contrato laboral. Así han sobrevivido millones de migrantes durante años, estableciendo sus redes sociales, enviando sus hijos a las escuelas del país receptor, en fin, construyendo vidas y sueños en el territorio de acogida. ¿Querrán moverse estas personas? Creemos que no. Y si así habrá de ser, nos encontraremos con millones de nuevos desempleados, sujetos a expulsión y que –esperamos nosotros– tendrán que oponer resistencia. Juntos a éstos, los otros, los que llegarán.

Circula una nueva consigna en la Unión Europea: bloquear las nuevas llegadas. Suspender el ingreso legal, los flujos legales y establecidos anualmente por cada país. Detenerlos, suspenderlos, pues no se necesita de nuevas manos migrantes para los trabajos sucios. Y bien, que lo hagan. Si con esto creen resolver el problema... como si hasta ahora el camino migrante hubiera dependido de las leyes europeas. La migración es un fenómeno que va más allá de cualquier ley –más si ésta es con enfoque represivo– que trate de regularla. Y esta crisis que hoy y durante el próximo futuro nos agobia no frenará ciertamente el deseo migrante de una mejor vida. Quizás será justamente el contrario.

¿Qué sucederá entonces? Difícil preverlo. Si es cierto que la crisis en los países del norte se está socialmente –y no sólo– descargando sobre la espalda migrante, lo posible serían una serie de medidas de resistencia que pongan finalmente al descubierto la misma realidad migrante no como una masa de trabajadores privados de identidad y de derechos, sino como un conjunto de sueños, deseos, vidas, proyectos que difícilmente se dejarán borrar del mapa. Es por esto que quizás hoy resulte urgente retomar la consigna que se mencionaba en una anterior entrega a este espacio (La Jornada, 15 de noviembre de 2008): no seremos nosotros quienes pagaremos la crisis. Y no sólo eso. La aparente derrota del neoliberalismo y la real crisis económica pueden estar abriendo espacios en los cuales los señores debilitados del poder globalizado se encuentren necesitados con volver a escribir las reglas del juego. De ser así, por parte migrante –y en general por parte de todos los que abajo estamos– debería ser urgente abrir los espacios para una redefinición colectiva y horizontal de las normas que cambien de signo las actuales leyes represivas.



jueves, 27 de noviembre de 2008

ASCENSO Y CAÍDA DEL CITYGROUP


Ojalá que las dos campañas de publicidad mejor conocidas de Citigroup: “Citi nunca duerme” y “Vive con opulencia,” se conviertan en una señal de advertencia para la próxima generación: no sigas los consejos de ejecutivos monetarios privados de sueño y vive dentro de tus posibilidades. A partir del cierre del viernes, Citigroup tenía 2 billones de dólares en “activos” y 20.500 millones en valor en el mercado bursátil, lo que sugiere fuertemente que el término “activos” es algo inexacto en Wall Street. Tarde anoche el gobierno de EE.UU. aceptó tirar cientos de miles de millones de dólares más a ese agujero negro sin que a la compañía se le haya exigido algún plan de supervivencia como se hizo con los fabricantes de automóviles: aparentemente si uno produce esas máquinas de cuatro ruedas que nos llevan al trabajo se convierte en sospechoso; si fabricas pérdidas en derivados ininteligibles, estás bien. 

Los cinco días de la espiral de la muerte de Citigroup la semana pasada fueron surrealistas. Conozco a unos 20 recién casados que tienen mejores planes de respaldo financiero que ese gigante de la banca global. El lunes tuvo lugar la reunión en la Casa del Ayuntamiento con empleados para anunciar el despido de 52.000 trabajadores. (¿No se supone que las reuniones en ese lugar inspiren confianza?) El martes vino el anuncio de que Citigroup perdió en un mes un 53% del dinero de un hedge fund interno y que vuelve a introducir a su balance 17.000 millones de dólares que habían sido ocultados en las Islas Caimán. El miércoles trajo la alegre noticia de que una firma legal sostiene que Citigroup vendió algo llamado MAT Five Fund como “sin riesgos” y “seguro” sólo para verlo perder un 80% de su valor. El martes, el príncipe saudí Walid bin Talal, de ese visionario país que no permite que mujeres conduzcan coches, se presentó para reasegurarnos que Citigroup está “subvalorado” y que él comprará más acciones. Como no tenemos príncipes propios, tendemos a asociarlos con cuentos de hadas... El día siguiente la acción bajó otro 20% y 1.020 millones de acciones cambiaron de manos. Cerró a 3,77 dólares. 

En total, la acción perdió un 60% la semana pasada y un 87% en este año. El valor en el mercado de la compañía ha caído ahora de más de 250.000 millones de dólares en 2006 a 20.500 millones el viernes 21 de noviembre de 2008. Son 4.500 millones de dólares menos de lo que Citigroup debe a los contribuyentes por el programa de salvataje del Tesoro de EE.UU. 

Para redondear las noticias de la semana apareció el viernes la revelación de que después de recibir 25.000 millones de dólares de dineros públicos, Citgroup seguiría cumpliendo con su compromiso de 400 millones de dólares, durante 20 años, y que haría un pago a cuenta de 20 millones para que el nuevo estadio de béisbol de los Mets se llame Citi Field, (Retroceso al pasado: 7 de abril de 1999: Enron acepta pagar más de 100 millones de dólares durante 30 años para bautizar un estadio de Houston como Enron Field.) 

Fue necesaria la revocación de la Ley Glass-Steagall, legislación promulgada después del derrumbe de 1929 que prohibía que los bancos comerciales se fusionaran con sus primos casinos (bancos de inversión y firmas de corretaje) para crear Citigroup.

Sandy Weill tomó Travelers Insurance, la firma de corretaje Smith Barney (que se había combinado con la firma de corretaje Shearson), el banco de inversión Salomon Brothers y anunció el 6 de abril de 1998, que fusionaría todas esas unidades con el gigante de la banca comercial, Citicorp, propietaria de Citibank. 

Como nunca fue alguien que permitiera que lo estorbaran las leyes, el señor Weill anunció este acuerdo a pesar de que su combinación no era permitida en esos días por la Ley Glass-Steagall. 

Hizo “falta un pueblo” en el gobierno de Clinton [referencia a un libro de Hillary Clinton cuando era Primera Dama, N. del T.] para que fuera revocada la ley Glass-Steagall y se permitiera la creación del colosal monstruo financiero que necesitó exactamente una década para pagar 1.000 millones de dólares a su fundador y luego implosionar en un mar de pérdidas. Ese pueblo incluyó al Secretario del Tesoro Robert Rubin quien cabildeó exitosamente a favor de la abrogación de la ley de protección del inversionista, luego abandonó su puesto en el gabinete del gobierno de Clinton y mudó su plataforma de juego al consejo de administración de Citigroup, 17 días antes de que la ley que aniquiló Glass-Steagall fuera promulgada el 12 de noviembre de 1999. El señor Rubin cobraría 150 millones de dólares de Citigroup en los 9 años siguientes por su servicio en el Consejo, sin sacar ni una sola vez la tarjeta que lo manda a la cárcel; ni siquiera cuando levantó el teléfono y llamó a un funcionario del Tesoro y pidió al gobierno que impidiera que las agencias de calificación crediticia degradaran la deuda de Enron, con quien Citigroup enfrentaba considerables riesgos. En ese caso en particular, sufrió un revés. 

Y, por cierto, ese pueblo incluía a Alan Greenspan quien pocas veces veía una regulación de protección del inversionista que no lo llevara a agarrar un machete. Ahora, después de 19 años haciendo que el país escuchara sus barboteos ante el Congreso en habla académica, verbosa, enrevesada; después de haber ayudado hábilmente a convertir Wall Street en una “Tienda a un Dólar” y a compañías que otrora prosperaba en un yermo estéril de sindicaturas, bancarrotas y precios de acciones en caída libre, ofrece a un país en quiebra un dicho ingenioso: que se equivocó. 

La Reserva Federal realizó audiencias sobre la fusión propuesta de Citigroup el 25 y 26 de junio de 1998, en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Galen Sherwin, entonces presidenta de la Organización Nacional de Mujeres en la Ciudad de Nueva York, y yo, estábamos protestando el 16 de junio delante de las audiencias por la imposición por el señor Weill de sistemas de justicia privados para sus trabajadores. Los empleados tenían que renunciar por escrito a sus derechos de demandar a la firma ante un tribunal como condición de empleo y aceptar tribunales secretos llamados arbitraje obligatorio. Llevábamos letreros de protesta muy grandes y gráficos cuando salió un afable funcionario y preguntó si quisiéramos testificar en un panel en el que tenían algunas vacantes. Algo sorprendidas por la invitación (tal vez pretendía proveer una foto sin obstrucción del Edificio de la Fed para turistas), nos sentamos en el auditorio y comenzamos a escribir febrilmente nuestros discursos en trozos de papel. La Reserva Federal ha mantenido el original garabateado de mi texto en su sitio en la Red durante todos estos años y yo lo imprimí hoy como un triste recuerdo de la década que nuestro país ha estado encarcelado bajo el régimen corporativo. 

Con nuestros letreros de protesta apoyados contra la mesa de los testigos y un empleado de la Fed en un área trasera filmándolo todo para la posteridad, lo que sigue es un pasaje de lo que dije a la Fed el 26 de junio de 1998: 

    “Es sorprendente lo rápido que olvidamos. Hace sólo 60 años 4.835 bancos de EE.UU. quebraron y cerraron sus puertas, dejando desamparados a sus accionistas y depositarios. La razón subyacente para que eso haya sucedido fue la falta de coraje moral de nuestros reguladores y representantes elegidos para decir simplemente no a los poderosos intereses del dinero. En lugar de simplemente decir no, Washington entregó a los bancos el equivalente de una tarjeta para cajero automático para la ventana de descuento de la Fed para especular en acciones. 

    En días en los que Japón, la segunda nación industrializada por su tamaño, vuelve a vivir los años treinta en EE.UU., completos con insolvencia bancaria, es sorprendente y absurdo que estemos discutiendo la eliminación de Glass-Steagall. 

    También queremos recordar que la dinámica política que creó el telón de fondo para la catástrofe bancaria en los años treinta surgió de una cultura corrupta y confortable entre Wall Street y Washington. El juez de la Corte Suprema, William O. Douglas, (que sabía un par de cosas del tema, porque acababa de servir como presidente de la joven, nueva, Comisión de Valores (SEC) de EE.UU. antes de llegar a la Corte Suprema) lo calificó de lo que era: trapacería y corrupción. 

    Frank Vanderlip, por coincidencia, verdadero ex presidente de National Citibank, escribió en esos días en Saturday Evening Post que la falta de separación entre la banca y de los valores contribuyó a que el mercado bursátil perdiera un 90% - quisiera repetirlo: un 90% - de su valor entre 1929 y 1933. El público estaba tan disgustado por el orgullo desmedido y la corrupción que toda una generación se apartó del mercado bursátil. No fue hasta 1954, 25 años después, que Wall Street volvió a alcanzar el nivel que había fijado en 1929. 

    Existe un conjunto convincente de evidencia que sugiere que una vez más una corrupta cultura confortable se ha radicado en los cerebros de Washington. Apenas podemos mirar a los guardianes de la confianza pública cuando se deshacen por conseguir donaciones electorales de Wall Street.” 


martes, 25 de noviembre de 2008

CUMBRE DE WASHINGTON DEL G-20 ¡Que siga el juego!

Comunicado de ATTAC España


El pasado sábado vio la luz la Declaración de la Cumbre de Washington, celebrada por el grupo de países G-20. Desde ATTAC-España queremos hacer una valoración de la misma, señalando tanto aquellos aspectos que pueden considerarse como avances, como poniendo en evidencia aquellos otros que a nuestro juicio siguen constituyendo un lastre para escapar de la crisis sistémica en que se encuentra sumida la Humanidad. Hace unas semanas los movimientos de ciudadanos/as ATTAC de toda Europa utilizábamos el eslogan ¡¡Cerremos el casino financiero!! (1) para resaltar las características de juego de azar y de ausencia de control democrático en el funcionamiento de los mercados financieros, las cuales están en la base del actual colapso de la economía real. Una vez analizados los Principios y el Plan de Acción contenidos en la mencionada Declaración cabe afirmar, que se han sentado las bases “para que siga el juego”.

RESPECTO A LOS PAÍSES PARTICIPANTES EN LA CUMBRE. Cuando se trata de evaluar el desmoronamiento del sistema neoliberal que campa a sus anchas por todos los rincones del planeta desde hace 30 años, así como sentar las bases de otro que lo supere, sería necesario que en dicho proceso hubieran participado todos los pueblos de la Tierra en el marco de una conferencia auspiciada por Naciones Unidas, especialmente los que se han visto más afectados por las políticas neoliberales y sobre los cuales repercutirán mayormente los efectos de esta crisis. Sin embargo, la Cumbre de Washington ha sido convocada por Estados Unidos, la potencia militar y económica que ha conducido al actual “desorden mundial”, y más allá de los países con mayor PIB y/o renta per cápita del club de los más enriquecidos, sólo se ha ampliado el círculo para contar con las llamadas potencias económicas emergentes, lo que de hecho puede interpretarse como un paso hacia la multilateralidad en las relaciones internacionales. Si embargo, pesan mucho más las ausencias: ¿Quiénes han defendido y planteado en la Cumbre los intereses y los problemas de esa tercera parte de la población mundial ausente y, en particular, la de los pueblos empobrecidos y saqueados de África y el Magreb, Oriente próximo y Oriente medio, Asia Central o América Latina?.

NO SE CUESTIONA EN NINGÚN CASO EL PARADIGMA ECONÓMICO NEOLIBERAL PRODUCTIVISTA Y CONSUMISTA. Se sigue planteando el objetivo de restaurar el crecimiento económico en los términos en que lo ha entendido el sistema capitalista durante el último siglo, sin considerar como un grave problema el agotamiento de los recursos naturales y el aumento de los niveles de contaminación que están poniendo en peligro la continuidad de la vida sobre el planeta. Ante este inmovilismo sería necesario desarrollar conceptos emergentes como el “decrecimiento” y “la satisfacción austera de las necesidades básicas”, conectando la conservación del medio ambiente con la reducción efectiva de la pobreza. Sin embargo, se continúan poniendo como guía los principios del mercado libre en la forma de eliminación de obstáculos al comercio y la inversión, favoreciendo así unas mayores desigualdades entre los diferentes pueblos de la Tierra y aumentando los procesos de rapiña y expolio de los recursos y la riqueza de los pueblos del Sur, dirigidos desde los gobiernos y multinacionales del Norte. Ese no es el camino para la pretendida reducción de la pobreza.

SIGUEN TIRADOS EN LA CUNETA DEL OLVIDO OTROS GRAVÍSIMOS PROBLEMAS DE LA HUMANIDAD. La Cumbre ha sido monográfica sobre la reforma del sistema financiero mundial, y tan solo ha citado en una línea de la Declaración otros problemas más urgentes si cabe tales como el cambio climático, el comercio internacional de alimentos (soberanía alimentaria) y la seguridad energética (que no un acuerdo sobre la producción y el consumo de energía a escala mundial que promueva el uso de energías alternativas), eso sí, sin dedicarles ni una sola reflexión de calado político. En definitiva, otra ocasión perdida para hacer creíbles los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, tanto en lo que toca al desmantelamiento de todo el entramado económico, político y militar que divide a la humanidad por un profundo abismo, así como por su nula concreción en apoyos financieros para acelerar su consecución (al contrario de los inmediatos y desbordantes fondos comprometidos en los planes de rescate del sector bancario y financiero, que superan ampliamente el billón de dólares y que se están destinando a cubrir las pérdidas de las entidades financieras que han jugado en el casino financiero). Hay que recordar que una veinteava parte de esta cantidad que ahora se regala a los bancos (por haber sido “perdedores, ineficientes, arriesgados o estafadores”) hubiera servido para hacer frente a la pobreza en el mundo y a cumplir con esos Objetivos del Milenio que una y otra vez se postergan.

AMBIGÜEDAD Y FALTA DE CONCRECIÓN AL DEFINIR LAS CAUSAS DE LA CRISIS. Tras una loa al reciente período de fuerte crecimiento global, crecientes flujos de capitales y prolongada estabilidad, que hace olvido de crisis recientes como la burbuja tecnológica o las crisis financieras o de la deuda en Argentina, México, Rusia o el sudeste asiático, la Declaración afirma textualmente ,como importantes causas subyacentes de la situación actual, que se han aplicado “unas políticas macroeconómicas incoherentes e insuficientemente coordinadas y unas reformas estructurales inadecuadas que han llevado a unos resultados macroeconómicos insostenibles a escala global”. La cita entrecomillada es absolutamente demoledora y pone en cuestión todo el marco institucional y de política económica neoliberal seguido en los últimos tiempos. No obstante, se deja ahí, como caída del cielo. Sería como decir que “la crisis se debe a que se ha hecho todo mal” y acto seguido, pasamos página.

UNA POLÍTICA MONETARIA DE MÁS AMPLITUD DE MIRAS. En la Declaración de la Cumbre también se apela a la política monetaria para salir del atolladero. Implícitamente se reconoce su capacidad anticíclica, con más posibilidades que las de estricto guardián de la estabilidad de precios que le asigna organismos como el Banco Central Europeo. En los tiempos que corren se abren dos opciones: la política monetaria contractiva, vía aumento del tipo de interés, para luchar contra la inflación y ahogar a las familias y a las PYMES; o la política monetaria expansiva, vía reducción del tipo de interés, para dar oxígeno a los agentes económicos más desprotegidos. En Europa, esta última política sólo se ha comenzado a instrumentar recientemente, con más de un año de retraso, favoreciendo así una crisis de la economía real de mayor profundidad. Los criterios “técnicos” del Banco Central Europeo para atajar presuntas tensiones inflacionistas de origen especulativo (precios del petróleo y de los alimentos) han prevalecido sobre los criterios políticos que aconsejaban financiar el consumo y la inversión de la economía real.

LA POLÍTICA FISCAL: ¿LA VUELTA DEL KEYNESIANISMO? También se afirma en la Declaración la conveniencia de recurrir a “medidas fiscales para estimular las demandas internas en un marco político de sostenibilidad fiscal”. Y eso no es otra cosa que la cuadratura del círculo. Por un lado, se propone la reducción de impuestos pero sin señalar cuáles. Por otro lado, aunque no se dice, será preciso un mayor gasto público para atender las prestaciones de desempleo de los/as trabajadores/as que están perdiendo y perderán su puesto de trabajo. Y por último, como la actividad económica retrocede por que ya se ha entrado en recesión (crecimiento económico negativo), los ingresos fiscales se reducirán aunque se mantuvieran los tipos impositivos. ¿Cómo se piensa obtener la sostenibilidad fiscal (el equilibrio presupuestario)? ¿Por qué no se habla abiertamente de incurrir en déficit público para financiar gastos sociales y servicios e inversiones públicas en infraestructuras destinadas a los colectivos más desfavorecidos?. Es hora de reconocer abiertamente que el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea es una reliquia del pasado que limita la acción política en el presente.

¿QUÉ HACER CON LAS ACTUALES INSTITUCIONES FINANCIERAS Y COMERCIALES INTERNACIONALES? Al respecto, la Declaración de Washington es absolutamente clara. Se sigue dando un voto en blanco a la OMC, al FMI y al l Banco Mundial para superar una crisis, a sabiendas de que estos propios organismos han contribuido a gestar y a hacer más dura en los países empobrecidos. Utilizando el símil, es como poner de bombero a quien hasta ahora se ha dedicado a meter broza seca en todos los rincones de la economía mundial y ha mirado a otro lado cuando las chispas de la especulación lo han incendiado todo. Nuestra propuesta es sustituir estos organismos por otros nuevos sobre las bases de la igualdad y el control democrático por parte de todos los pueblos del mundo y no de los países más ricos. El nuevo orden mundial que hay que definir no debe basarse sobre los cimientos del actual, sino sobre sus cenizas.

LA UNIÓN EUROPEA COMO CASO EXTREMO DE DESREGULACIÓN FINANCIERA. La Unión Europea carece de una regulación y supervisión comunitaria para las operaciones financieras transnacionales, ya que la supervisión bancaria y de las bolsas solamente existe en cada país; y a los Estados miembros se les prohíbe introducir cualquier restricción en los movimientos de fondos extracomunitarios. No obstante, en la Declaración de la Cumbre se sigue hablando de apoyar la “innovación en los mercados financieros”. Si por algo se ha caracterizado todo el período de primacía neoliberal en la economía mundial, ha sido por esa denominada “innovación financiera” opaca y desbocada, donde se ha llegado a extremos en los que se hace muy difícil de entender y gestionar productos financieros que están concebidos para la especulación y la ganancia rápida en vez de para financiar la economía real, comenzando por la satisfacción de las necesidades humanas más urgentes. Poner coto a esta situación implica frenar y revertir dicho proceso de innovación y regular férreamente los tipos y características de dichos productos. Sin embargo, en la Declaración de la Cumbre, las referencias a los acuerdos para mejorar la supervisión financiera tampoco cuestionan los presupuestos de la globalización financiera que, al desmantelar los controles bancarios de los Estados durante la década de los noventa, ha generalizado la libre movilidad internacional del capital como principio organizativo. Hay que destacar, que en el marco de las negociaciones de la Ronda de Doha, la UE continúa presionando a los países en desarrollo para que liberalicen aun más el sector de servicios financieros.

NADA SOBRE LA DENUNCIA Y SUPRESIÓN DE LOS PARAÍSOS FISCALES. A pesar de que los paraísos fiscales o centros offshore son la piedra angular sobre la que descansa la estructura financiera internacional, así como refugio de actividades delictivas de lo más variadas (evasión de impuestos, narcotráfico, contrabando de armas, tráfico de personas, terrorismo), en la Declaración de la Cumbre se los denomina eufemísticamente como “jurisdicciones no cooperadoras y poco transparentes”, como si la cooperación y la transparencia hubieran sido la enseña del marco financiero que acaba de derrumbarse. En los paraísos fiscales reposa a buen recaudo una cuarta parte de la riqueza mundial, entre la que cabe mencionar los activos de muchos bancos e instituciones que se supone han quebrado, por lo que la liquidación de estos escondites privilegiados podría ayudar a mejorar la transparencia del sistema, además de significar un buen estímulo financiero para salir de la crisis. Dentro de Europa, o como territorios dependientes de países miembros de la Unión Europea, están en la lista de paraísos fiscales las Islas Caimán, las Islas Vírgenes Británicas y Gibraltar (ligados al Reino Unido), Liechtenstein, Andorra y Luxemburgo.

CLAVES DE LAS REFORMAS QUE ESTÁN POR VENIR. En la Declaración de la Cumbre se afirma que dichas reformas deben basarse en “el libre mercado, la propiedad privada, el comercio y las inversiones libres en mercados competitivos”. Y esta contundencia dice a las claras el alcance y la profundidad de los cambios que se avecinan, es decir, maquillaje puro. Si partimos de que el libre mercado competitivo sólo existe en los manuales de Economía que se imparten (todavía) en las Facultades donde aprenden los/as economistas y gestores/as de empresas del futuro, lo que toca es acercarnos a la realidad, que es mucho más compleja en matices, y desenmascarar cómo las relaciones comerciales, inversiones productivas y/o especulativas y guerras “humanitarias y preventivas” están detrás de que cada vez haya una mayor parte de la humanidad sumida en la desesperación de la pobreza y la violencia. Por mucho que se empeñe el presidente saliente de Estados Unidos y los líderes mundiales que apoyan sus tesis el futuro pasa por abrir puertas al debate de otras formas de organización social, política y económica, así como a organizaciones de la sociedad civil que están detrás de ellas. Esta Cumbre ha mantenido cerradas bajo llave estas puertas hacia la esperanza.

LA OBSESIÓN ENFERMIZA POR EL LIBRE COMERCIO. La Declaración sigue abundando en las bondades del libre comercio internacional y en el papel de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en su empeño de desmantelar las barreras de la inversión y el comercio de bienes y servicios que perjudica notoriamente a los países menos desarrollados. Parafraseando a Reagan, podemos decir que la OMC no es la solución, sino el problema. En vez de reconocer los efectos perversos de la liberalización comercial en muchos aspectos que tienen que ver con la satisfacción de las necesidades básicas (incluyendo la provisión de servicios públicos esenciales), el deterioro ambiental del planeta y el empobrecimiento de amplias áreas marginales del mundo, la Cumbre de Washington corre un tupido velo y se reafirma en el compromiso de cerrar la ronda de negociaciones de Doha que quedó varada en la arena, entre otros motivos, por su cerrazón para no considerar el carácter prioritario del derecho a la alimentación (soberanía alimentaria) sobre aspectos instrumentales como la liberalización comercial. La incapacidad de acabar con el hambre es una muestra más del fracaso de la OMC tras décadas de desregulación de los mercados agrícolas. En materias que tocan a derechos humanos básicos, tenemos que ser escépticos respecto a las posibilidades del mercado y apostar por garantizar su cumplimiento mediante mecanismos públicos que operen con criterios de justicia social.

LA CRISIS DE LA ECONOMÍA REAL ES CONSECUENCIA DIRECTA DE LA CRISIS FINANCIERA. De la lectura de la Declaración de la Cumbre pareciera que hablamos de una crisis circunscrita al ámbito de lo financiero, de manera que las medidas acordadas sólo tienen que ver con éste. La realidad sin embargo es que la propagación de la crisis financiera a la economía real se está dejando sentir con una contundencia dramática a la vez que marca una evolución propia: explosión de la burbuja inmobiliaria, aumento de la morosidad en el pago de préstamos hipotecarios, familias a las que se les embarga su casa o que no pueden acceder a su primera vivienda, despidos masivos y sin precedentes en los sectores más sensibles o estratégicos de la economía, con efecto dominó sobre el resto del sistema productivo. En el origen de todo está la escasez y/o encarecimiento del crédito para financiar la producción de las PYMES y el consumo de las familias, este último ya maltrecho por el creciente peso que la devolución de los préstamos está alcanzando en una renta familiar cada vez más cautiva a largo plazo. Hoy día, los problemas más graves y urgentes de la economía ya no tienen que ver con la delicada situación de las entidades financieras (algunas con beneficios absolutamente desmedidos) y sí con actividades productivas y personas damnificadas por la codicia de dichas entidades que ha contado con la bendición de los poderes públicos.

Ahora más que nunca abogamos por la puesta en marcha de un proceso incluyente, que incorpore la participación activa de todos los gobiernos del mundo, los representantes de la sociedad civil y los movimientos sociales en los foros de debate y decisión que deben abrirse en los próximos meses. Juntos todos, tenemos que ir por delante, articulando las demandas sociales, señalando a la ciudadanía y a los decisores públicos los caminos que entendemos ya están agotados así como las sendas que están por transitar en la búsqueda de alternativas. Es lo que ATTAC ha venido haciendo en los últimos 10 años y nuestro compromiso para esta nueva etapa crucial de grandes cambios en la que ya estamos inmersos/as.

ATTAC España - 18 noviembre 2008


lunes, 24 de noviembre de 2008

CRISIS ECONÓMICA Y POLARIZACIÓN POLÍTICA

Es parte de un artículo de Antoni Domenech

Hace unos días, el Financial Times publicó una encuesta de opinión sobre la crisis económica realizada entre las poblaciones del Reino Unido, Francia, Italia, Reino de España, Alemania y los EEUU. Preguntaba por las causas de la crisis financiera, con cuatro tipos de respuesta posibles: a) se trata de abusos del capitalismo; b) se trata de fallos intrínsecos del capitalismo; c) Ninguna de las dos cosas; d) No está seguro. He aquí los resultados:



INGFRITESPAL    EEUU
Abusos del capitalismo: 52%68%65%62%46%66%
Fallos del Capitalismo: 13%17%11%15%30%  7%
Nada de eso:7% 5% 8%9%13% 10%
No está seguro:28%10%16%14% 10% 10%
 

Se pueden sacar varias conclusiones de esta encuesta, algunas enjudiosas. Por ejemplo, ésta: la enorme desorientación de la población británica tras más de una década de "tercera vía" y "nuevo laborismo" (28% de los encuestados "no están seguros"). O esta otra: a pesar de tener el gobierno más derechista desde el final de la II Guerra Mundial, con un presidente que ganó abrumadoramente las elecciones prometiendo "americanizar" la vida económica francesa (aunque que ahora dice querer nada menos que "refundar el capitalismo" mundial), el formato republicano de la vida política gala parece todavía lo bastante robusto como para que un 17% de la población culpe directamente de la crisis a los males endémicos del capitalismo.

Pero lo que me importa destacar aquí es ésto: se da la coincidencia de que el país en donde la "guerra cultural" y la consiguiente polarización "artificial" inducida por la derecha en las campañas electorales ha sido más baja –Alemania— es también el país en el que el potencial de crítica al capitalismo como sistema económico intrínsecamente irracional y desastroso es más alto (30% de la población). Por el contrario, las actitudes más conformistas (¡en pleno suicidio del capitalismo financiero, sólo un 7% de la población norteamericana, un 11% de la italiana y un 15% de la española culpan al sistema!) se dan entre las poblaciones de países que cuentan con una derecha (los Bush, los Berlusconi, los Aznar) entregada a feroces "guerras culturales" y enterquecida en una crispante polarización elitista de la vida política, capaz de anestesiar políticamente el debate, o de distraer al menos la atención sobre la tremenda polarización socio-económica objetiva a que se ha asistido en las últimas décadas, y por lo mismo, capaz hasta ahora de frenar la polarización política de masas que esa situación objetiva debería normalmente propiciar. Se diría, pues, que las "guerras culturales" de la derecha son posibles sobre todo en países en los que las clases populares han perdido buena parte de la coherencia política cognitiva, y les resulta más fácil a las elites conservadoras buscar estrategias de polarización basadas en la radicalización de asuntos políticamente debatibles más o menos periféricos, pero capaces de dividir al adversario.

Se insiste estos días en España en el fiasco y aun el suicidio de Izquierda Unida y, en menor medida, de EUiA e Iniciativa per Catalunya-Verds, los restos de una izquierda que, aun si tremendamente disminuida por sus graves errores estratégicos en la llamada Transición democrática española, fue relativamente fuerte hasta hace poco, y a la que todavía se asigna razonablemente un potencial de voto superior a los 2 millones de votantes. A mí me parece fuera de duda que sus fracasos recientes, además de con el esperpéntico cainismo político de unos dirigentes sin otro oficio ni otro beneficio que el medro logrero programáticamente inane, tienen que ver también con la incapacidad para entender el peculiar modo en que se manifiesta la polarización política en el Reino de España. Una incomprensión que les ha llevado a oscilar epilépticamente entre, de un lado, la miopía de la subordinación a la (eficaz) estrategia reactiva del PSOE a las chillonas "guerras culturales" desencadenadas por los aprendices de neocon del PP (y por los "transversales" de UPyD) y sus poderosos altavoces mediáticos y, del otro lado, la ceguera de la atrabiliaria confrontación con un PSOE poco menos que vituperado como enemigo principal.

Las dimensiones y la profundidad de la crisis del capitalismo en España, que ponen un abrupto final a décadas de prosperidad ilusoria, a los odiosos alardes propios del pésimo gusto de los nuevos ricos y, sobre todo, a las ridículas fantasías neoimperiales en América Latina (¡había que ver a Zapatero pidiendo en San Salvador apoyo a Lula y a la señora Kirchner para lograr una silla en la reunión del G-20! ¡Hay que ver estos días al santo y seña del neoimperialismo español, la compañía Repsol –neciamente privatizada en su día— a pique de quedar a merced de los intereses geoestratégicos de Rusia!), deberían augurar unas perspectivas razonables a la izquierda anticapitalista española. Pero el futuro de una izquierda parlamentaria capaz de representar dignamente a cerca de tres millones de potenciales votantes, capaz de consolidarse como tercera fuerza política del Reino y capaz de crecer aupada por la evidente polarización de la vida social y económica de la España actual –casi un 60% de asalariados "mileuristas"; la mayor tasa de desempleo de la UE; la mayor tasa de crecimiento de millonarios en la última década— pasa, entre otras cosas, por comprender la peculiar dinámica de la polarización política en nuestro país.